El fenómeno de El Niño en Argentina está confirmado en un 100% para el trimestre septiembre-noviembre de 2026, con perspectivas de ser un evento de gran intensidad. Sin embargo, en los campos la realidad pasa por otra ventanilla: el trigo necesita lluvias, y las interrogantes sobre la ventana de siembra gruesa están en el centro de la mesa.

El trigo
La campaña fina arrancó con muy bien, impulsada por las reservas de agua que dejaron las lluvias de abril. Con 6,95 millones de hectáreas sembradas —la segunda mayor superficie de los últimos 17 años—, las expectativas eran altas.
Sin embargo, el mapa muestra matices y señales de alerta. Por un lado, algunas heterogeneidades en términos de ajustes de áreas. En ese sentido, la provincia de Santa Fe recortó unas 200.000 ha respecto a la histórica campaña 25/26; Buenos Aires resignó 100.000 ha y la zona núcleo sufrió una caída consolidada de 500.000 ha (según la Bolsa de Comercio de Rosario).
Por otro lado, los planteos del norte y el sur del área agrícola necesitan lluvias. La condición del cultivo se deteriora a la espera de lluvias durante septiembre y octubre.
El giro de octubre: ¿solución o problema operativo?
Los modelos meteorológicos prevén una inflexión marcada hacia fin de año: precipitaciones 25% superiores a la media en octubre, 70% en noviembre y hasta un 90% en diciembre.
Este escenario plantea una paradoja operativa para los productores:
- Salvavidas para el rinde: Aportará la humedad necesaria para los momentos críticos del trigo.
- Obstáculo en la trilla: Un exceso de agua a fin de año amenaza con demorar o complicar la logística de recolección de los cereales de invierno.
Campaña gruesa: estrategia y anticipación
De cara a la siembra 26/27, el abundante perfil de humedad que dejará el fin de año impulsa cambios en las decisiones de manejo:

Claves para la toma de decisiones
Si las lluvias pronosticadas se materializan, los techos productivos de la campaña pasada estarán al alcance. De lo contrario, el margen de error se reduce drásticamente.
- Agilidad operativa: Ajustar ventanas de siembra y logística de maquinaria con la máxima flexibilidad posible.
- Monitoreo de precios: Proteger márgenes aprovechando los momentos de volatilidad del mercado ante las noticias climáticas.
- Manejo de suelo y drenaje: Prepararse para un fin de año con exceso de humedad que ponga a prueba la transitabilidad de los lotes.







